8 de copas
Tengo miedo de hablar con alguien del rechazo, no sé si tendré la paciencia o tolerancia. Hay que ponderar los daños: la implicancia de que se haya rechazado LEJOS el ejercicio más democrático hecho en Chile de constitución. Que se deslegitime de paso el estallido. Que más encima hayamos envalentonado a la peor derecha que hemos tenido EN AÑOS.
El estallido a mi me hizo sentir bien, me hizo encontrarme comprendida. Fuera de toda la romantización que hacen los aweonaos con el fuego, fue bonito, porque me di cuenta que no solo yo estaba enojada, sino casi todo Chile estaba enojado con la desigualdad.
Y bueno, duró lo que duran los eclipses, porque nadie resiste incertidumbres sostenidas, pandemias e inflación por guerras sin cambiar un poco. La vida sigue. No solo queda asumir la derrota, sino también aceptar que la mayoría no desea cambiar. Disculpen mi pesimismo, pero cualquier interpretación contraria hoy es manotazo de ahogado. Ojalá fuera al menos una bofetada de ahogado.
Dicho eso, no puedo más que secundar a mis compis que están frustrados, porque también me siento así, siento en el fondo el desengaño ¿Cómo pudimos errar tanto? ¿Hay algo en el sentido común que me estoy perdiendo?
Las conquistas son frágiles si no quedan amarradas a la constitución, si no se operativizan en leyes y decretos y sobre todo sino, permean la cultura.
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