Yo una vez estuve enamorada de ti, se me quedaba mi pelo en tu casa y en tu alfombra, te di besitos en la mañana y me escuchaste roncar. Caminé desnuda por tu cocina para hacerme café. Hubo aspectos tuyos que nunca entendí, a los que nunca tuve acceso.
Yo alguna vez estuve obsesionada contigo, quise entender por qué no me querías como yo, por qué no me necesitabas. Yo soñaba con que bailáramos una canción como los abuelitos de la película de belfast, que me quisieras con ensueño, que me dijeras lo mucho que me quieres. Yo de a poquito, sentí que nunca tendría de eso, y pensé que me podría acomodar a ese espacio chiquitito en el que me tenías.
Todavía es un misterio cuales son los cariños que merecemos.
Yo una vez puse todo de mi parte, me mantuve ahí cerca tuyo, te traté con toda la paciencia y no me desesperé. Dije, quizás todos amamos de distinta manera, y me recordé cuando era chiquitita y todo había sido igual. Esto de desenchufar lo que siento no es algo nuevo. Yo misma me ahogué.
El problema es que una misma se ahoga y una misma pelea por flotar y cuando ya salgo de este mar agitado, y cachetié bien cachietiá a mi yo misma que me ahogaba, ya después, ya no sé qué hacer. No sé vivir de otra manera.
Tengo tanas ganas de nadar en el mar, de tirarme al agua y tener mucho frío, morirme morada de frío para después despertar calentita encima de la arena al sol.
La primera vez que me sentí querida
Me recuerdo de que estabamos charlando con mi primer pololo sobre una profesora de universidad, diciendo que era torpe espacialmente. Me avergoncé y le dije que yo igual soy así, un poco olvidadiza, un poco distraída, un poco al lote. Él me dijo que eso lo encontraba tierno, y sentí un calorcito que abrazó toda esa parte que antes era rechazada por mi familia.
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