Taura

 Ayer no me había pasado nada hasta que vi el post-it en su computador y me dijo que no todo era malo. Era una escritura de niño, que decía su nombre, garabateado, la O como un corazón: un recordatorio de su familia, de su pareja y la hija de su pareja.
Se me cerró la garganta.
Me helé.
¿qué estoy haciendo?
Recién escribiendo un informe sobre ética y me besé y toqué con un hombre que tiene familia. (O ¿fueron los celos lo que me heló?) El profe pregunta ¿cuál es su deshonestidad cotidiana? 
Le dije que quizás lo que tenía que hacer era buscarme a otro. Me dice que no voy a encontrar nadie como él. Es verdad. Nadie me desea tanto como él. ¿Será que le gusta la adrenalina? 
Me contó que su pareja le dijo que si él se la cagaba, ella lo apuñala. (¿estoy en peligro?). Le pregunté si eso le había gustado. Me dijo que si.
Me dio rabia, me sentí utilizada. Siempre pensé que éramos un espacio de tranquilidad en la vida turbulenta, no un riesgo calculado alentado por la adrenalina. Es decir que, yo no existo en su vida sin su pareja. Por siempre cautiva, estando en las sombras. No es que quiera estar con él y que seamos pareja (¿o si?), me da rabia no tener esa posibilidad. No quiero encerrarme en este dolor guata. Soy demasiado reina para esto, quiero ser el centro de atención, la regalona.

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