All of my love
me gusta esta canción porque me hace sentir en el Concepción que si recorrí con mi mamá de la mano, tomando algún colectivo, para llegar a la casa y mi mami con todas las bolsas. Mientras el colectivero ponía la radio y salia esta canción, cuya guitarra suena como un gato. Gato que no sabría en el futuro que tendría y que amaría como se ama a la familia.
Lo que me descorazona de que ganara el rechazo con tanto margen, es el desengaño, lo que habla muy mal de mi como socióloga. La implicancia de que ganara son que se deslegitime el estallido y por lo tanto, esa comprensión que sentí cuando caché que todo Chile estaba enojado. Que no soy la única. En realidad creo que es importante no deslegitimar el estallido, sino más bien el hecho de que no estabamos de acuerdo con las formas en las que íbamos a cambiar Chile.
Un pasillo largo con vista al mar, un relato evasivo, la autoestima baja, la desesperanza aprendida, la frustración hecha canas. El humor negro para evitar el dolor, la superioridad moral de decirnos qué sentir o qué hacer para controlar los daños (o también estás evitando sentir?), un hombre prepotente sentado en un café riéndose de la camarera, porque cree que es dueño del mundo. Está todo dicho. Por alguna razón nos sentimos castrados. El colectivero comienza a hablar, lo mismo que habla el hombre prepotente del café. Sé que es muy egoísta pensar en que quiero que se muera pronto ese Chile. No me siento hoy día capaz de soñar, de inspirarme en nada. Tengo mucha rabia y frustración, sobre todo, desengaño.
Soy demasiado práctica.
¿Este es el final o es el comienzo?
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