y busqué entre tus cartas amarillas

   Anoche el S. me dijo si nos íbamos ir a dormir con Tigrito (insinuando que dormiríamos juntos), me llevó abrazada durante todo el uber. Yo recibí ese cariño, porque se me hace natural. El tenía las manos heladas, había ido muy desabrigado a ver a Chyste MC, de cierta manera quise darle de mi calor. Le deseo mucho bien. Pero esta ternura no estuvo presente cuando estábamos juntos, al contrario, era como si una persona hubiese estado entre nosotros todo el tiempo. Cuando estábamos juntos, me sentí muy insegura, muy ignorada a veces. Sin embargo, cuando estuve con..., extrañé a S. Extrañé la coreografía que teníamos del sexo, el ritmo al que por costumbre ya estábamos adecuados, al punto de que se había vuelto mecánico y monótono. No sé si extrañé tanto a S, como si extrañé la comodidad. 
Mientras habíamos estado esperando el uber, me tomaba la cintura, me miraba a los ojos y se acercaba a mi para darme besos yo lo rechazaba y me reía. La otra noche, me junté con S. y me dió un beso apasionado, con mucho deseo, me puso contra la pared de una casa, y me hizo sentir su pene. Cuando nos detuvimos le dije que lamentaba esto, porque no quería darle esperanzas. La pasé bien. Pero anoche, cuando le dije que no dormiríamos juntos y que el se tendría que ir en el uber solo para su casa, su cara fue de profunda tristeza y me llené de compasión. Y quise protegerlo. Ya no podía seguir pasándola bien a costa de esas miradas. La ambigüedad me hace mal. Creo que lo hablaré con mi psicologa. 

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